jueves, 15 de mayo de 2008

DE LA FRAGILIDAD DEL SOÑADOR

Los sueños no son frágiles. Los sueños no se evaporan en brazos de una espesa nebulosa, convirtiéndose en nada ante nuestros ojos. Los sueños no viven en un plano distinto del que marcan nuestras huellas. Los sueños no vuelan a lomos de un pájaro dorado dejándonos huérfanos de un mañana amplio y luminoso... Es el soñador el que atado a una realidad determinada se empeña en ver a través de unas lentes cóncavas o convexas el rostro amable de los sueños. Es el soñador el que viste de lejanía la sonrisa generosa del sueño, haciéndola ajena. Es el soñador el que con su prosaica existencia diluye entre nubes de rutina la identidad utópica del sueño. Es la naturaleza frágil del soñador la que provoca su renuncia en un lamento cobarde...

EL SUEÑO.

Si el sueño fuera, como dicen, una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

Jorge Luis Borges