viernes, 28 de noviembre de 2008

... Y NO HUBO ESPAÑOLES EN MAUTHAUSEN...




Vosotros que entráis,
dejad aquí toda esperanza
.
palabras que rezaba la
puerta del Infierno de Dante
y que podían leerse en el letrero
de bienvenida del campo.



En Agosto de 1940, procedente de un campo de prisioneros de Prusia Oriental, llegó a la estación de Mauthausen un tren de transporte de ganado. Al abrirse las puertas de los vagones, en lugar de animales, cientos de hombres extenuados por el calor, se precipitaron al andén bajo los gritos de ¡Raus, raus! (¡fuera!) ¡Schnell, schnell! (¡rápido!) de los SS. Habían sido tres días de inhumano viaje en esos abigarrados compartimentos, sin comer, sin beber, a oscuras, viajando de noche para que la cruel imagen no fuera vista por las poblaciones, y rodeados de cuerpos inertes por asfixia. A culatazos, y entre mordiscos de perros alemanes, los 300 pasajeros del tren de la muerte fueron conducidos a pie por una senda hacia un alcor en el que se adivinaban unos muros de piedra blanca. No eran judíos, no eran gitanos, ni tan siquiera alemanes contrarios a Hitler. Eran españoles. Republicanos españoles.


Los barracones 11, 12 y 13 los ocupaban en su mayoría españoles. Era fácil distinguirlos porque los SS cosieron en sus rayados uniformes un triángulo azul con una S en su centro: Spanien. Eran parte de la operación Nacht und Nebel (Noche y Niebla), puesta en marcha para terminar con todos los adversarios políticos del Tercer Reich. De hecho, muchos de los españoles miembros de la Resistencia francesa fueron marcados con las siglas N.N al ingresar prisioneros. Dentro de los cobertizos, los cautivos sólo se apiñaban para dormir, el resto de la jornada permanecían afuera. El interior del barracón se dividía en dos habitaciones con literas superpuestas de uno o dos metros de largo por uno de ancho cubiertas de jergones de paja o serrín infectados de ácaros.

Durante los últimos días de la guerra, la superpoblación del campo hizo más penosa la situación. La llegada de nuevos deportados procedentes de otros campos de concentración exigía la eliminación de los más débiles, o de los judíos o rusos que allí había. Los soviéticos se convirtieron en objetivo de la ira nazi. Las derrotas en el frente alimentaron el odio de los SS y el frío del invierno siberiano se revivió en Mauthausen con los papeles cambiados. "Los caprichosos alemanes ponían en funcionamiento las mangueras de riego, algunos quedaban sofocados por el agua y se ahogaban; los demás tampoco sobrevivían: morían ateridos. Todos los días, diez presos perdían así la vida". Pero esto no terminaba ahí. Los reclusos eran forzados a despegar los cuerpos de los soviéticos congelados y a trasladarlos a los hornos crematorios.


Cuando llegaron las tropas norteamericanas, los SS habían abandonado el campo la noche del 4 de mayo, al oír las explosiones de las bombas arrojadas por las superfortalezas B-29 en las cercanías de Linz. Españoles, polacos, yugoslavos, franceses, alemanes, italianos y griegos, belgas,soviéticos, checos y austriacos, gitanos, homosexuales, comunistas y algunos judíos, eran libres.

Los descarnados cuerpos recibieron asistencia sanitaria de los doctores estadounidenses, pero muchos, 3.000, fallecieron la semana posterior a la liberación. Sus organismos estaban destrozados por el hambre y las enfermedades, y no lograron la salvación definitiva. La irracionalidad humana se había cebado con ellos y los testigos de aquello quedaron marcados para siempre. Un soldado liberador rompió a llorar cuando su tanque se detuvo ante la dantesca imagen. "Jamás hubiera imaginado que los hombres pudieran hacer eso con los hombres".


7.200 españoles fueron enviados a Mauthausen. Más de 5.000 murieron. 2.000 fueron liberados... y según el franquismo no hubo ningún español fuera de "la frontera patria"...