martes, 25 de noviembre de 2008

DÍA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA MACHISTA




El primer encuentro feminista de Latinoamérica (celebrado en 1981, en Bogotá) es el heroico punto de partida del alzamiento de las voces femeninas denunciando lo que era un secreto a voces (las mujeres eran agredidas impunemente por hombres). La crueldad que sobre las mujeres se ha ejercido históricamente, y desgraciadamente aún seguimos sufriendo, no se limita a una denominada violencia doméstica física (el que más amplia definición ofrece, incluye el maltrato psicológico).
No, no es así.
La violencia de género ha de definirse en todos los ámbitos de la sociedad: los malos tratos físicos y psíquicos, humillaciones, asesinatos en el hogar, violaciones (dentro y fuera del hogar), el acoso sexual, la violencia del entorno, la tortura y abusos sufridos por prisioneras políticas… De hecho, el 25 de Noviembre es elegido el Día Internacional contra la Violencia de Género para conmemorar a las hermanas Mirabal, que se sublevaron contra la tiranía de Trujillo en la República Dominicana y fueron brutalmente asesinadas dicho día del año 1960. Eran conocidas como Mariposas, y así serán recordadas. Mariposas: hermosa alegoría para tres mujeres valientes que lucharon por sus ideales… 'lo que para la oruga es el fin de sus días, es lo que su sueño denomina mariposa'; iconografía de las feministas que luchamos contra la injusticia.
La ONU en 1999 proclama oficialmente que el 25 de Noviembre es el Día Internacional contra la Violencia de Género, entendiéndose violencia de género como cualquier ataque ya sea físico o psíquico, directo o indirecto, tácito o expreso… contra la mujer, por el determinante biológico de ser mujer. La existencia de un Día para tener presente lo que ha sucedido y sigue acaeciendo es la triste necesidad en el siglo XXI para hacer presente, zarandear y despertar las mentes de los ciudadanos. Nadie ha de ser sometido a otro, ningún ser humano es más que otro, la diferencia biológica nos hace diferentes no desiguales.
Muchos consideran que sexo y género son sinónimos, ¡nada más lejos de la realidad! El sexo es un determinante biológico que nos diferencia, el género es una imposición social y, en consecuencia, artificial e impuesta, que nos obliga a actuar de una manera determinada en una sociedad y en una época concreta, lo que debemos ser, no lo que somos.
Como ser social, el ser humano, para adaptarse al entorno asume roles que ni se plantea. Afortunadamente, movimientos feministas de lucha por la igualdad de oportunidades y de reconocimiento de la dignidad de la mujer como ser humano en igualdad de condiciones que el hombre, han ido rompiendo barreras, hasta el punto de remover los parámetros con los que se medían en la sociedad las actitudes y aptitudes de las mujeres.
Hoy día, la violencia de género no se limita a la mujer. Toda violencia que sea ejercida sobre una persona que no actúa según el rol impuesto socialmente, como por ejemplo, los homosexuales, es violencia de género. A ellos por tener una opción sexual diferente, se les discrimina, se les ataca… y si son mujeres y lesbianas, la discriminación es doble. La lista sería interminable, pues al factor mujer puede incluirse otros vectores que la golpean más fuerte: mujer, lesbiana, extranjera, discapacitada, etc.




Se ha ido reivindicando por parte de las mujeres el respeto a su derecho a la vida, a la integridad física, a la dignidad, a la paz familiar… La toma de conciencia tenía que partir de las propias víctimas, cuestionándose la validez de los criterios que la obligaban a someterse. Toda esta reivindicación, junto al papel de los medios de comunicación haciéndose eco de muertes y maltratos a las mujeres a manos de los hombres, ha logrado concienciar a la sociedad, a la mayoría de la sociedad, del problema que vivimos. El sistema político, a raíz de toda esta evolución, fue consciente de la laguna legal que existía en el Código penal, y, afortunadamente, comenzó a dar soluciones, o al menos, intentó darlas, a este problema que se manifestó intenso y descomunal.
Es una obviedad: somos, afortunadamente, diferentes. Ahora bien, esa diferencia biológica no conlleva un patrón concreto desde el que debemos actuar según nuestro sexo biológico, ese modelo social es algo impuesto que no deriva de nuestra condición biológica de ser mujer u hombre. Aunque socialmente se espere y se imponga que cada persona realice una función social dependiendo del sexo con el que nazca. Justo contra esta absurda imposición hay que luchar y rebelarse. No hay que masculinizarse para tener un puesto de poder, no se es peor madre por tener un empleo remunerado y estar menos horas dedicadas al hogar, no viene determinado que seamos heterosexuales, y así podríamos seguir… sin terminar.