lunes, 8 de septiembre de 2008

PERDER LA... INNOCENCE.

Mucha parafernalia y poca "chicha". Éste podría ser el titular del concierto de Geraldine Larrosa. No podemos negar que la chica canta bien. Que la chica tiene una voz bonita y potente, pero... hasta esa afirmación tenemos que hacerla con cuidado... es triste conocer todo lo que se puede llegar a conseguir con los adelantos técnicos, es triste conocer que un técnico de sonido puede hacer que cante bien quien ni tan siquiera canta... con lo que hasta de esa posibilidad debemos dudar. El concierto de Innocence prometía ser un espectáculo con mayúsculas. Un nutrido conjunto de bailarines, un nutrido coro, una orquesta con no sé cuántos músicos y Geraldine Larrosa... Bailarines, pues sí, diez y realmente buenos; orquesta, sí, algunos músicos... pero también algún que otro "sintetizador"... (los sintetizadores no me gustan, eso de que un aparatito imite el sonido de un instrumento... y se utilice porque, lógicamente, es más barato... no me gusta... creo que es "trampa")... Geraldine Larrosa, sí estaba, cómo no; a veces se percibía cierta desorientación a la hora de moverse sobre el escenario, a la hora de conjuntar sus movimientos con los de los profesionales... sin fuerza, en general, a la hora de interpretar los temas... Y el coro... en todas las canciones se oían voces en ocasiones casi más potentes que la voz de la propia Geraldine, voces de hombres (muy parecidas a las de los componentes de IL DIVO), pero no había coro... o lo que es lo mismo, el coro, las voces del coro que secundaban a las de la cantante estrella nos las presentaron "enlatadas" (bueno, no nos las presentaron, obviamente). Eso es un timo, es trampa, es una farsa. Sobre todo porque empiezas a pensar que si las voces del coro van enlatadas quien te dice que la voz de la rubia "de bote" no te la están sirviendo de igual modo... El sonido estaba demasiado fuerte, molestaba, resultaba desagradable. Geraldine Larrosa era quizá el ingrediente menos sabroso de un espectáculo grande, caro, visual, concebido para olvidar las carencias artísticas de una cantante que sinceramente en disco puede sonar muy bien, pero que en "directo" o "semi-directo" (disculpen mi incredulidad) es pobre... el escenario se le queda grande, no te regala las canciones con fuerza, con ímpetu, con una personalidad arrolladora que te haga vibrar... las vibraciones te las ofrecen diez chicos que están realmente bien y que hacen su trabajo con una destreza notable y una coreografía, en determinadas canciones, sobresaliente... sin embargo, en la hora y media que duró el espectáculo tuve la desagradable sensación de que me estaban tomando el pelo.

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