domingo, 28 de septiembre de 2008

EL REESTRENO DE OLVIDA LOS TAMBORES.

La temporada pasada se estrenó la hermosa obra de Ana Diosdado, Olvida los tambores. En 1970 este texto se llevó a escena con grandes intérpretes: Jaime Blanch, Mercedes Sampietro, Emilio Gutiérrez-Caba... en fin, grandes intérpretes.
Me encantó el texto.
Escribí que un buen texto sobrevive siempre a pesar de las interpretaciones... Esta puesta en escena ha girado y, según me comentaba uno de los actores, ha tenido un enorme éxito... quizá por ello ha regresado a Madrid.
Ha habido cambios en el reparto:
Carmen Morales no está y su papel lo interpreta ahora Lidia San José.
Ana Polvorosa tampoco está. En su lugar, ha debutado Elena Furiase.
Guillermo Ortega dejó la obra unos mes después del estreno en Madrid, sustituyéndolo Gorka Otxoa.
Ayer fui a verla nuevamente. Me parece interesante ver las obras más de una vez. No hay que ser "masoquistas" pero siempre es curioso. Se ve cómo evolucionan los actores. Cómo evoluciona la misma función. Cómo el que no es buen actor se queda atrás en la carrera de fondo que supone vivir un personaje, una historia, una aventura teatral, al fin y al cabo.
Ayer seguí descubriendo y me llevé algún chasco...
Descubrí lo triste que resulta no poder disfrutar de un magnífico texto por la ineptitud de "unas personas que suben al escenario" sin lo mínimo: SABER HABLAR. Y no me refiero al volumen de la voz, a su proyección (que también) sino a la pronunciación, a la declamación, a hablar claramente en "castellano"... Gorka Otxoa, perdónenme, pero es NEFASTO... el resto... bueno... se escapó algún "M'ahogo" "M'asusto" "M'hagustao" "Pos claro"... sin contar las frases cortas que se dijeron rápido (como si se tuviera prisa) y claro... el espectador se, nos, quedamos a medias... ¡¡Qué horror!!... a veces te encuentras con puestas en escena en las que se vocaliza mal, la proyección de la voz es más que débil... pero tantas cosas juntas... ¡¡Qué horror!!...
Si esto fuera poco, el personaje que interpreta Leandro Rivera, Pepe, que originalmente es el más divertido, simpático y espontáneo, se ha vulgarizado de una manera atroz. Lo han convertido en el punto gracioso y sin sentido, de una obra que, según parece, necesitaba eso para tener éxito porque sino, no me lo explico. "La velocidad de movimiento" de este personaje se ha contagiado al resto y en algún momento parece que a todos se les ha incorporado "un motorcito" y se mueven como el conejo ése de las pilas alcalinas..."No paran, siguen, siguen"...
Yo también "sigo": Casi al final, el personaje que interpreta Antonio Albella el mejor con diferencia, le dice a Toni (Antonio Hortelano) que olvide los tambores... lo hace de una forma muy clara, demasiado clara... Me temo que han cambiado el contexto en el que se dice esa frase para que el público sepa ver y descifrar la metáfora... (pensé, entonces, que no soy yo, precisamente, quien tiene la convicción de que la gente es tonta y necesita que todo se le dé "mascadito"). Cuando la vi, esta frase aparecía justo cuando todos estaban alrededor del piano (más sosegados porque ahora parecen histéricos). Sonaba la canción, y justo en el estribillo... los tambores. El personaje de Antonio Albella le hablaba de la canción, le hablaba de mùsica... Hablaban de violines y de tambores y de poesía... claro, había que estar muy pendiente para captar la metáfora... sin embargo, eso es lo bonito ¿no?... ya veo que no.
En fin, ha sido un interesante descubrimiento... aunque ahora se me presenta un dilema: ¿Cómo le digo al actor que conozco y, que forma parte de ese reparto, todo esto. Me callo. Miento, acaso...?... habré de adquirir un poco de "diplomacia", me temo...