domingo, 24 de marzo de 2013

Renacer es un impulso de justicia...

Hoy he leído un artículo de Paloma Pedrero, dramaturga con la que he tenido la oportunidad de charlar en más de una ocasión y a la que operaron hace dos años. Lo recuerdo vivamente, porque también hace dos años operaron a mi madre de corazón en el Hospital de La Princesa. Recuerdo cuando vi a su ex marido y pareja actual en la sala de espera, una planta inferior a la de mi madre... Recuerdo subir en el ascensor junto a Carlos Olalla... 
Volviendo a ese artículo, a esa declaración de principios hermosísima... La quiero compartir con vosotros porque la hago mía... Yo no he estado en una sala de reanimación (aunque estaré)... A mí no me han operado (aún)... Pero sí he estado al borde de la muerte... Una muerte que hubiera llegado si no me llego a cambiar de médico, si no me llegan a hacer unos análisis de sangre... Y pensándolo bien, no tengo derecho a lamentarme, a odiar, a estar triste... Porque he tenido una suerte inmensa... Una suerte inmensa al llegar a tiempo para aferrarme a una máquina... Esa máquina que me espera tres días en semana para hacer lo que mis riñones no pueden... Una máquina que me limita, que hace que mi búsqueda laboral sea más difícil, una máquina que estéticamente me está "torturando"... Una máquina que me ha atado, a su vez, a la vida... Una vida que me invita a pasear por sus arterias cada día, una vida a la que miro siempre con la esperanza mínima que me hace sonreír... Una vida que me ha enseñado a ver el hoy, a palpar con cuidado cada minuto y absorberlo y saborearlo... como se saborea un beso a escondidas... Yo renací un 27 de agosto... Y sin duda cada día a partir de esa fecha es un impulso que intento vestir de justicia... la justicia de la alegría, de la esperanza, de la felicidad, del amor...

"RENACER
Casi todos los que hemos pasado por una experiencia cercana a la muerte, vivimos una transformación hermosísima en nuestra forma de sentir y actuar. Fundamentalmente aprendemos a amar, que es lo mismo que ejercitarse en disfrutar de la vida con todos los sentidos. A vivir el presente. A saber lo grande que es estar aquí; que amanezca y poder verlo es algo extraordinario; levantarse, prepararse un desayuno, vestirse guapo, salir a la calle, trabajar... Todo tiene de pronto un semblante mágico. Porque en realidad, vivir es mágico. La tres semanas que yo estuve luchando por sobrevivir en el Servicio de Reanimación, estuve muy despierta. De día y de noche. Dormir en un lugar en el que la luz es siempre igual, en el que tus compañeros de estancia están sedados, en que no se bebe ni se come, ni nada de nada, es francamente difícil, pero creo que yo no dormía por si acaso, porque mi estado de alerta era mi manera de agarrarme a la toalla y no soltar. Mientras velaba, mi ser imaginaba todo lo que haría al salir de allí. Me veía en cafés sentada al sol mirando a la gente, en paseos a la orilla del mar, en abrazos con amores, en saludos de escenarios llenos de luz. Me veía cocinando (cosa que no había hecho) y paseando un perro (que no tenía) Y riéndome de mí (algo que no sabía hacer). Cuando salí del hospital y vi la calle ya no era la misma. Ahora cocino, tengo perro y me río bastante de mí. Ahora soy consciente del privilegio que significa estar aquí. Y eso me hace más feliz y más buena. Hoy, nadie ni nada merece desprecio. Hoy tengo más que dar. Y os doy estas palabras a todos los que estáis pasando por una situación así de dura. Después todo es mejor. Renacer es un impulso lleno de justicia. -LA RAZÓN. PALOMA PEDRERO"