domingo, 19 de enero de 2014

pequeños momentos, grandes tesoros...

He escrito alguna vez que en este tiempo, en este giro enorme que ha dado mi vida, he aprendido una de las cosas más importantes de mi transcurso por este mundo: Nada material es relevante. Nada material va a venir con nosotros cuando partamos hacia ese otro lado, esa incógnita oscura o luminosa, quién sabe. Nada material merece parte de nuestro tiempo, de nuestra vida... Lo que puede encerrarse en la materia, lo que de hecho se encierra y contiene en sí... está en todas partes, está en el aire, en nuestra esencia, a nuestro lado, en nuestro rostro, en nuestros ojos, en los rostros y en los ojos de quienes amamos y de quienes nos aman... Lo he aprendido y extrañamente lo he asimilado.
Lo realmente valioso envuelve los momentos efímeros y eternos que nos hacen felices, que nos hacen olvidar nuestra realidad gris y austera, que aceleran los latidos de nuestro corazón, que sí vendrán con nosotros en nuestro viaje definitivo... Porque se quedan acurrucados en un rincón cálido y acogedor, de nuestra memoria sentimental...

Momentos como estos... Valen una vida... Todas las vidas...


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