martes, 15 de junio de 2010

RIGOR, RESPETO... Y SU FALTA...

¿Es la risa más importante que el rigor, que el respeto, que la fidelidad a un trabajo, a una profesión, al motivo que originó una determinada creación, un determinado texto, una determinada apuesta...?
¿Es la risa, su provocación forzada o no, lo único que vale cuando ponemos en marcha una empresa (la que sea); lo único que vale cuando pretendemos prolongar, prorrogar, dilatar, extender dicha empresa?
¿Vale todo para lograr el éxito (de público)?
¿Es lícito vulnerar el motivo por el que alguien escribió un texto, un texto serio, un texto con una vertiente crítica clara, un texto reivindicativo, un texto cuyo fin fue dejar patente una desigualdad, un olvido discriminatorio, una omisión a veces humillante, por el simple hecho de crear una comedia fácil, recurrente y morbosa?
¿Es lícito acentuar una determinada característica a un personaje por el manido fin de convertir una obra (agradable, bonita, tierna) en "algo más gracioso"?
No me gustan estas prácticas. No me gusta su escaso gusto, su escasa clase. No me gusta ver que el público sigue el juego a algo que en cierto modo denigra e insulta al teatro, al buen teatro y a su fin, a su motivo, a su porqué. No me gusta que un profesional se preste a ese juego, que un actor le cambie el rostro a su personaje porque sí, porque la gente ríe al hacerlo sin más. No me gusta que un profesional viole el sentido original de un texto para hacer de él una comedia, cuando lo que se cuenta posee en sí una gravedad, una realidad dura, una realidad por la que se ha luchado, por la que se sigue luchando. No me gusta que un profesional desoiga lo que el autor ha escrito por el simple hecho de recaudar una determinada cantidad de euros.
No me gustan estas prácticas. Al público parece darle igual... y esto me gusta mucho menos.