martes, 25 de febrero de 2014

... afortunada...

... Supongo que hasta que no vives en tu propia piel una determinada circunstancia, no puedes comprender una actitud, un modo de ser, un modo de afrontar la vida... Ahora estoy comprendiendo a mi madre. No es que entienda su forma de ser hacia mí, hacia la vida... Pero en cierta medida comprendo su pesar, sus frustraciones, sus miedos, su incapacidad a veces para ver el lado positivo de una existencia que en numerosas ocasiones se empeña en sernos adversa... Y al fin y al cabo ella no estuvo sola...
... Y yo, a la hora de la verdad... puedo sentirme a solas... puedo creer que estoy sola... pero, un día más, descubro que no lo estoy. Por eso, he de sentirme afortunada.